Cuando la relación empieza a deteriorarse y se piensa seriamente que no se aguanta más y no se ve salida, es el momento de plantearse acudir a terapia de pareja. La posibilidad de la separación está siempre ahí, pero hay que tener en cuenta que es muy dolorosa, sobre todo cuando hay hijos pequeños.
La terapia de pareja es cosa de dos y normalmente es uno el que da la voz de alarma y el otro, al menos, tiene que estar dispuesto a colaborar. Si no es así, el que ve el problema todavía se puede acudir al profesional, que podrá ayudar aunque, lógicamente con menos capacidad de maniobra. El principal problema en el fallo de la terapia de pareja es que se acude al profesional cuando ya no hay solución.
Acudir a terapia de pareja trae varios beneficios a ambos miembros de la pareja, destacamos unos cuantos:
Cuándo se pierde la felicidad en la vida conyugal, muchas parejas esperan hasta el último momento para acudir a terapia de pareja. O solamente lo dejan como última opción, mientras tanto se someten a años de frustración por falta de comunicación o peleas constantes. Por ello, es mejor buscar una solución a tiempo, y tan pronto empieza el problema, sin dejar agrandarlo y sin generar una predisposición al proceso.
A veces es difícil ver las soluciones cuando estamos dentro del problema o cuando las emociones y el historial del problema nos nublan. Estamos aquí para ayudarte a encontrar esos recursos y rescatar esas historias que prefieres de tu relación de pareja
Hay ciertas situaciones en las que los problemas en la relación son tan graves que no hay que plantearse la posibilidad de acudir a terapia, como por ejemplo cuando se vive una situación de violencia doméstica y amenazas.
En situaciones como esas es muy importante que la parte maltratada rompa inmediatamente la relación y tome todas las medidas necesarias para estar a salvo.